Rodolfo Antonio Hernandez Ortiz

Por: Rodolfo Antonio Hernandez Ortiz

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5. Conclusiones

¿Qué puede determinar el proceso de formación de otra línea política en el seno de un Partido Comunista? Esta pregunta incita a pensar en la principal implicación de la “Recepción” del modelo de la Revolución de Nueva Democracia propiciada por el PCC: la conformación del discurso maoísta en el seno de Partido Comunista de Colombia.

Si se parte de 1949 cuando se exaltaba la revolución china hasta 1963 cuando se agudizaron las contradicciones al interior del PCC, y se dan las expulsiones masivas de militantes de todos los niveles, e incluso de las organizaciones generadas como la Juventud Comunista-JUCO, se está hablando de 14 años de lucha política e ideológica que, yendo a  la par del proceso de “Recepción” determinó que los resultados en el terreno teórico y práctico para nada estuvieran previstos.

Durante esos 14 años de “Recepción” el Partido Comunista de Colombia hizo su mejor esfuerzo por dotar a su militancia de los materiales impresos necesarios donde podría consultar y asimilar las lecciones de la Revolución de Nueva Democracia. Ese proceso de “Recepción” se logró, en gran medida, porque los intelectuales del Partido Comunista de Colombia tradujeron los primeros escritos de Mao Tse-tung del inglés, francés y ruso, ratificando dos aspectos significativos para el comunismo: la importancia de la prensa como organizador colectivo, como el andamio que sirve para edificar el Partido, y el papel de los intelectuales orgánicos, los cuadros revolucionarios capaces de asumir las más ingentes tareas.

De 1949 a 1963 el Partido Comunista tuvo que sortear una vida política nacional muy compleja: la primera[1] y segunda guerra[2] en el marco del periodo de la Violencia entre 1949 a 1953 y 1954 a 1956 respectivamente; la ilegalización del Partido[3] y como consecuencia la persecución a su militancia; el gobierno militar de Rojas Pinilla; la exclusión política del Frente Nacional; y la lucha anticomunista en el terreno internacional con sus voceros nacionales representados en el Partido Conservador y las fuerzas fascistas. Todo esto que dificultaba la “Recepción”, en medio de una difícil situación económica para el Partido, era a su vez una oportunidad por dicha apuesta, pues los elementos que hacia parte del contexto partidario: ilegalización, exiguo trabajo clandestino en las ciudades, guerra desatada en las zonas de influencia campesina y debate en torno a la autodefensa,  se convirtió en un caldo de cultivo para que las ideas y experiencias del modelo revolucionario chino tuviera asidero, y por ende, motivos para su circulación.

Ante los problemas que enfrentaba la militancia del PCC, la experiencia china parecía dar nuevas respuestas. El triunfo del PCCh fue entendido como el triunfo del marxismo leninismo aplicado a las condiciones concretas de China. La victoria de una revolución agraria, una revolución democrática, antiimperialista era motivo de júbilo para todo comunista que se desenvolvía en medio de la Guerra Fría, pues fortalecía el campo socialista. Ese júbilo lo sintieron todos los militantes comunistas, de allí que todos simpatizaran con la revolución china en Colombia, incluso el mismo Gilberto Viera «era un simpatizante del maoísmo»[4].

La luz de esta investigación preocupada por la conformación de nuevos discursos en el seno de la izquierda, ilumina un pasado donde la militancia del PCC tuvo la oportunidad de conocer el modelo de Revolución de Nueva Democracia en contexto, la campesina del sur del Tolima la de implementarlo en uno nuevo, y en general toda la militancia la de interpelarlo (apropiación y rechazo) desde su propia experiencia. La “Recepción” permitió fortalecer las posiciones marxistas leninistas, apoyadas en el pensamiento de Mao Tse-tung como referente internacional, gestándose así una corriente de pensamiento al interior del Partido que ofrecía nuevas soluciones a los problemas nacionales de la revolución. Con el devenir de la lucha interna en el PCC,  y con el hecho de que las divergencias Chino-Soviéticas pasaran del debate a la ruptura, la corriente de pensamiento se fue constituyendo en línea política. Es decir, la “Recepción” del modelo revolucionario chino viabilizó la conformación del discurso maoísta en el seno de PCC, y no su penetración. Era la conformación de un nuevo discurso.

La posición oficial del PCC asumida a favor del ala soviética en medio del cisma comunista significó la expulsión de las “tesis maoístas” en el seno del Partido Comunista de Colombia. Fue así que la “Recepción” permitió la diferenciación de la izquierda comunista y la conformación de un nuevo discurso político en donde todos los grupos maoístas del llamado “campo M-L” en Colombia sitúan su génesis. Como todo resultado emergente, este fue inesperado.
¿Cómo explicar este proceso? Álvaro Oviedo, dirigente del PCC, explicaba que el PC de C (m-l) «surgió directamente de la labor fraccional propiciada por los maoístas en los años sesenta en el seno del Partido Comunista de Colombia»[5]; por su parte, Álvaro Mosquera, también del PCC, lo planteó como el reflejo en Colombia de la «ruptura de los dirigentes chinos con el marxismo–leninismo y su expresión práctica: el movimiento comunista internacional»[6].
Desde la orilla maoísta el grupo “Proletarización” planteó que «en el seno del Partido Comunista se venía gestando una tendencia revolucionaria que conformó el Partido Comunista (M-L)»[7], y explicó la situación así:
«En el seno del Partido Comunista se venía desarrollando una lucha interna entre las posiciones revolucionarias y la línea revisionista. Esta lucha fue agudizada y estimulada por la polémica mundial entre las fuerzas marxistas y las revisionistas, particularmente la efectuada entre el Partido Comunista Chino en defensa del marxismo y el Partido Comunista de la Unión Soviética en favor del revisionismo (...) las causas externas tuvieron un mayor peso que las internas, aunque estás fueron la base»[8].
En ese sentido la explicación de Proletarización rompe con la ortodoxa marxista dándole  más peso a las condiciones externas, pues desde la explicación del cambio para la dialéctica materialista, «las causas externas son las circunstancias de los cambios y las causas internas la base de los cambios; las causas exteriores obran por conducto de las causas internas»[9], es decir, las contradicciones internas desempeñan el papel decisivo.

Por su parte el investigador Frank Molano explica que: «El maoísmo fue el resultado de la formación de una sensibilidad colectiva revolucionaria que se configura desde los años 50 como una doble oposición: por una parte frente al sistema político y al modelo económico (...) y por otra parte como ruptura frente a la tradición política de los grupos de la izquierda secular, especialmente del Partido Comunista»[10]. En dicha formación resalta, de varios factores externos e internos,  la ruptura chino-soviética que «no fue solo un reflejo mecanicista de lo externo en lo interno, sino una manera en que se enfrentaron de forma dramática, dos maneras de pensar la solución de los problemas nacionales, en el seno del Partido Comunista desde fines de los años 50 y que culminaría con una gran ruptura a mediados de los años 60»[11]. En dicha explicación no aclara como se dio esa “fusión” y esa “asimilación”.

Por lo contrario, esta investigación ha demostrado que la “Recepción” del modelo revolucionario chino se estableció como el instrumento a través del cual la condición externa: la experiencia china de una revolución triunfante y la misma ruptura chino-soviética, se constituyó a su vez en una condición interna, haciendo más compleja la dinámica partidaria, esto debido a la clara intención política del PCC de estudiar y asimilar las lecciones del Partido Comunista Chino.

A partir de la “Recepción”, el modelo revolucionario chino se constituyó en parte del debate de la vida interna del Partido Comunista. Conocer y apropiar esa experiencia implicó más libertad para la militancia y por ende más complejidad en las nuevas discusiones surgidas del conocimiento allí incorporado, que cada militante lo iba sintetizando y resignificando desde su propia experiencia y, claro está, de la cultura política de la izquierda. Es obvio que también se dieron lecturas dogmáticas, e incluso otras para quienes la experiencia de la revolución china pasó desapercibida.

Así pues, el nuevo discurso que surgió de la “Recepción” no fue un mero proceso de trasmisión y adopción desde fuera, tampoco de simple influencia, ni mucho menos traslado mecánico de lo dicho por los chinos, sino la emergencia fruto de la sensibilidad que tenía la militancia marxista leninista en el seno del Partido Comunista ante las condiciones presentes de un momento histórico de conmoción nacional e internacional -el quiebre del siglo-, gracias a lo cual, se mantuvieron continuidades, y sobre todo se introdujeron rupturas y quiebres en la línea del tiempo del Partido. La diferenciación que se dio y el discurso que surgió a partir de la “Recepción” era uno de los futuros posibles o probables.
Surgido el nuevo discurso, empieza una disputa por llenar de significado los conceptos de  “marxismo leninismo” y “maoísmo”. Para los militantes que conformaron el Partido Comunista de Colombia - marxista leninista (PC de C-ML), el concepto maoísmo no era de uso cotidiano, ellos se identificaban como marxistas leninistas. Veían en Mao al «más grande estrategia y genial guía de nuestro tiempo»[12], y su obra “La Nueva Democracia” como el «enriquecimiento del marxismo-leninismo»[13], es más, eran conscientes y reconocían el “pensamiento Mao Tse-tung”, también llamado por ellos el pensamiento del camarada Mao, «defendiéndolo como el marxismo-leninismo de nuestra época»[14], pero pese a todo eso, nunca se definieron maoístas. Marginalmente utilizaron la expresión «marxismo-leninismo-maoísmo»[15]cuando estaban discutiendo con la militancia expulsada en medio de la división de 1968.
A la par de esto, surgía el “maoísmo” como categoría de análisis desde la academia en Estados Unidos y como término despectivo, sinónimo de anti marxismo, desde el debate ideológico en la Unión Soviética. Alineado con el PCUS y a partir de los cuatro artículos de Álvaro Mosquera, entre noviembre de 1963 y marzo de 1964 bajo el título “Las discrepancias con los dirigentes chinos”, el PCC iniciaba la tarea de llenar de nuevo contenido el concepto “maoísmo”.
Las publicaciones alusivas a las diferencias con los dirigentes chinos continuaron y aumentaron. Salieron artículos explicando las divergencias el movimiento comunista internacional[16], otros que intentaban buscar explicaciones al “caso chino”, denunciando la primera prueba nuclear de China, el reclamo de territorios conquistados por antiguos emperadores chinos, los conflictos fronterizos de China, las críticas de la Unión Soviética a la dirigencia China, el inicio de la lucha contra Liu Shao Chi por parte de los Guardias Rojos, entre otros artículos. En ese devenir se lee por primera vez, el 15 de diciembre de 1966, el término maoísta cuando se reproduce una crítica de los comunistas soviéticos a la «política maoísta»[17] de la revolución cultural[18].
Desde la propia producción del Partido Comunista, Álvaro Mosquera escribe un interesante artículo cuatro años después de que publicaran “Las discrepancias con los dirigentes chinos”, en donde concentra los principales temas de debate con los líderes orientales[19] y se adentra en una explicación de la revolución cultural «como una cortina de humo para escudar la lucha de los bandos por el control del poder supremo»[20]. Uno de esos bandos, dice Mosquera, es el grupo Mao Tse-tungista. Esta singular forma de llamar al grupo de Mao recuerda lo dicho por críticos del maoísmo al decir que la expresión «ideas maotsetunianas» apareció en el IX congreso del PCCh para mostrar a Mao «como un interpretador original, como un continuador que ha desarrollado las tradiciones marxistas»[21]. A su vez, Mosquera brinda la antesala para que el PCC iniciara la utilización, en marzo de 1967, del término “maoísta” en forma despectiva.
Hasta 1963 los significantes «Revolución China» y «Mao Tse-tung» iban construyendo el significado de revolución, comunismo en el Tercer Mundo, Nueva Democracia, incluso, ejemplo a seguir. Es importante recordar que para el PCC el proceso revolucionario chino era entendido como el triunfo del marxismo leninismo. Pero después de 1963 con el rompimiento de lazos entre China y la Unión Soviética, ambos lados trataron de utilizar las redes del movimiento comunista internacional para ganar adherentes y en la prensa del Partido Comunista no solo disminuyó drásticamente la publicaciones chinas, sino que los significantes se llenaron de otros contenidos, ahora, hablar de «Revolución China» y «Mao Tse-tung» traía implícito el significado de ruptura, izquierdismo, sectarismo, chovinismo, hegemonismo, anticomunismo y antisovietismo. El resultado fue el concepto de “maoísmo” como resumen de todo lo anterior, de tal forma que antes de que un grupo o Partido que se reivindicara como maoísta[22] hubiera generado las condiciones para el uso de este concepto, el Partido Comunista de Colombia lo había desacreditado convirtiéndolo en sinónimo de antimarxismo.
Esto nos permite plantear que el Partido Comunista de Colombia no solo protagonizó el proceso de formación del discurso maoísta desde su interior,  sino que al haberlo expulsado, y asumido por la militancia del PC de C-ML como marxismo leninismo, también fue responsable del proceso de formación del discurso anti-maoísta. Es decir, antes que el maoísmo, surgió primero el anti-maoísmo en Colombia.







[1] La primera guerra también conocida como el primer periodo de autodefensa y lucha guerrillera. La periodización es ofrecida por Eduardo Pizarro Leongómez, “Los orígenes del movimiento armado comunista en Colombia (1949- 1966)”, Análisis Político N° 7(1989).
[2] El concepto de primera y segunda guerra en el marco del periodo de la Violencia es tomado de Guzmán Campos, Germán, Orlando Fals, Borda y Eduardo Umaña Luna, La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social, Monografías sociológicas  No. 12, Bogotá, Facultad de Sociología, Universidad Nacional, coedición con Ediciones Tercer Mundo, 1962.
[3]Según Acto Legislativo 6 de 1954 expedido un 14 de septiembre.
[4] Álvaro Delgado, 171.
[5] Álvaro Oviedo, El maoísmo hoy (Bogotá: Editorial Colombia Nueva Ltda., 1981), 74.
[6] Álvaro Mosquera, marxismo y maoísmo. Problemas de la lucha ideológica (Bogotá: Ediciones Suramérica, 1977), 74.
[7] Proletarización, 166.
[8] Proletarización, 232.
[9] Mao, La Nueva Democracia China, 209.
[10] Frank Molano Camargo, 22.
[11] Frank Molano Camargo, 22.
[12] Partido Comunista de Colombia M-L (PC de C-ML), “Orientación # 2”, Documentos Vol. 2 (Medellín: Editorial 8 de Junio, 1975) 24.
[13] PC de C-ML, “Orientación # 6”, 294.
[14] Partido Comunista de Colombia M-L (PC de C-ML), “Orientación # 3”, Documentos Vol. 2 (Medellín: Editorial 8 de Junio, 1975) 76.
[15] PC de C-ML, “Orientación # 6”, 277.
[16] José Cardona H, “Las divergencias en el movimiento comunista internacional”, Documentos Políticos N° 57 (1966)
[17] Partido Comunista de Colombia - PCC, “Los comunistas soviéticos critican nuevos errores de los dirigentes de la China”, Voz Proletaria, Bogotá, 15 de diciembre, 1966: 9.
[18] Lo cual sería muy tardío en comparación con otros Partidos de América Latina. Por ejemplo «el Partido Comunista de Argentina - PCA, en 1963 publica La posición de los marxistas leninistas frente a los cismáticos trostkizantes del P. C. Chino, un folleto de unas sesenta páginas que reproduce el informe contra el maoísmo, redactado por el líder del comunismo argentino Victorio Codovilla. El texto es significativo porque, además de usar —seguramente por primera vez en el espacio local— la expresión “maoísmo”, bosqueja una caracterización del “enemigo maoísta” que perdura en las décadas siguientes». Ver Adrián Celentano, “El maoísmo argentino entre 1963-1976. Libros, revistas y periódicos para una práctica política”, Políticas de la memoria Nº 14 (2013): 152. En el caso del Partido Comunista de Chile los primeros pronunciamientos contra el maoísmo lo hizo Luis Corvalán, miembro del Comité Central, el 6 de junio de 1963. Ver Luis Corvalán, “Diferencias de opinión con los camaradas chino”, Principios (septiembre-octubre de 1963). Citado por Humberto Garza Elizondo, China y el Tercer Mundo (México: Colegio de México, 1975) 196.
[19] Los debates son: La guerra y la paz; Las relaciones entre esta y el socialismo; Entre la democracia y la conquista del poder por la clase obrera; El carácter de nuestra época y su contradicción fundamental; Las vías de la revolución; El culto a la personalidad; La edificación socialista; La concepción del Estado y del Partido; Dogmatismo y revisionismo.
[20]Álvaro Mosquera, “Más bien ‘Revolución’ de la ignorancia”, Voz Proletaria, Bogotá, 16 de febrero, 1967.
[21] M. Altaiski y V. Gueórguiev, Crítica de las concepciones filosóficas de Mao Tse-tung (Moscú: Editorial Progreso, s.f.), 27.
[22] Si bien el PC de C-ML desde su constitución se asume en el campo pro-chino, nunca se denominó maoísta, solo llegaron a considerarse marxistas-leninistas, pensamiento de Mao Tse-tung hasta 1980, cuando en el XI congreso abandonaron a Mao. Fue solo hasta 1973 cuando del seno del PC de C-ML surgió una facción que empezó a revindicar el maoísmo y se llamó la tendencia marxista leninista maoísta. Por otros lado, según Proletarización (página 340), en 1968 se dio un movimiento estudiantil en la Universidad Nacional de Bogotá que se caracterizó por el ser el primero en su género dirigido por fuerzas que se planteaban como marxista-leninista-maoísta, entre las que participaron organizaciones como Testimonio, Mural de Pueblo, el Frente de Estudios Sociales

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